¡”Ved en el fuego la Casa transmutada!
¡Resplandece su frontón de granito,
como la estrella en su Cenit,
hacia este astro, la morada mística se levanta magnificada! [...]
Desde el alejado horizonte, erigido el edificio,
parece por todas partes rodeado de llamas,
su esplendor aclama,
en una óctuple radiación Casa y Astro fusionados!”
Extracto del ritual de confirmación
Antecedentes de la Tradicíon Ogdoádica de la Aurum Solis
Ha pasado a ser un tema hoy común el hablar de pasadas tradiciones y de la herencia que hemos recibido de ellas. Numerosos relatos divulgados aquí y allá sólo dan una visión fragmentaria sino superficial. Poco son los iniciados que hablaron o transmitieron algunos documentos en el mundo exterior a su orden. Ahora bien hay un linaje muy antiguo que ha transmitido ininterrumpidamente hasta nuestros días la doctrina y las prácticas mágicas enriquecidas por cada uno de sus miembros. Esta venerable tradición nació de la fusión de las tradiciones precristianas del Mediterráneo oriental con enseñanzas místicas muy antiguas como las antiguas corrientes mágicas y esotéricas griegas. De Alejandría a Bizancio donde ella se formuló, se sintetizó alrededor del símbolo de la Ogdóada de la que tomó el nombre. Esta Tradición Ogdoádica cruzó la historia de occidente como un hilo de oro en un tapiz, proyectando brillantemente su resplandor siempre que ha sido iluminada por la luz del día, pero permaneciendo siempre oculta en otros tiempos.
Esta orden misteriosa que se manifestó bajo su forma actual en Gran Bretaña en 1897 fue siempre distinta de la de la Golden dawn adscrita al linaje rosacruz. Las tradiciones e iniciaciones centrales de estas dos órdenes fueron separadas histórica y filosóficamente. Numerosos fueron durante la historia los ropajes externos de esta corriente.
Los misterios
de la Tradición Ogdoádica muy pronto fueron transmitidos de Bizancio
a numerosos gremios medievales influyendo profundamente sus ritos
iniciáticos y sus reglas. Se pueden observar algunas de sus influencias en el
simbolismo del arte bizantino, en la arquitectura y el ritual de la antigua orden
del temple, en el dibujo del baptisterio de Florencia y en la obra literaria de
San Bernardo de Clairvaux (Utilización de la dimensión quíntuple del discurso,
en la primera serie de sus sermones sobre
el Cantar de los Cantares y en su trabajo las alabanzas de la nueva caballería). Están ahí las marcas
permanentes y fieles que han
seguido testimoniando la vocación mística de los miembros de los
gremios de esta época.
El
rastro misterioso y enigmático de esta misteriosa hermandad se encuentra
también en Roma sobre las columnas de un santuario encargado por Benedetto
Caetani (BonifacioVIII), Gran Iniciado de la Estrella Gloriosa. Desde hace
seiscientos años, en este lugar donde la luz
celestial converge hacia la tierra el
mensaje sigue siendo visible para los que saben reconocer la marca de la
iniciación. Las claves están, accesibles a todos y con todo ignoradas.
Es en Asia Menor, donde la Orden mística
y secreta ismaelita de los Fideli d’Amore continuó, a semejanza de los Sufíes y los Derviches, en el seno
del mundo islámico la senda de la iluminación interior y la devoción a la
elevación espiritual de la humanidad. A esta poderosa sociedad de los Fideli d'Amore,
se asoció la herencia que se había
constituido en Bizancio. La Orden pareció entonces desaparecer, como
ocultándose tras los decorados de la
escena que constituye el mundo. Durante varias generaciones los hermanos y
hermanas la perpetuaron y la enriquecieron en el mayor secreto. Sus
especificidades acabaron de fijarse y constituyó al final del siglo doce el corazón del simbolismo, la
mística y la práctica mágica de Occidente.
La ciudad de Florencia
fue la segunda cuna del renacimiento de esta corriente. Es la familia
Calvacanti quien jugó un importante papel en el desarrollo de los Fideli d'Amore.
Esta familia confirió un lustre imperecedero a la tradición de los misterios de
Occidente haciendo conocer los Fideli
d'Amore a los más grandes espíritus e
iniciándolos allí. De entre ellos, dos se distinguen como los más eminentes,
Dante Alighieri, que
el poeta Guido Cavalcanti llevará a esta sociedad en el siglo XIII y Marsilio Ficino, el gran
filósofo y místico del Renacimiento, iniciado
en el siglo XV por Giovanni Cavalcanti,
como sus propios escritos lo atestiguan.
En este mismo siglo en Florencia, el
Círculo Careggi (ropaje externo de la sociedad ogdoádica) estuvo constituido
por algunos miembros de la Academia Platónica bajo el genio inspirador de
Marsilio Ficino, neoplatónico e iniciado de los Fideli d'Amore. Los trabajos
del círculo Careggi, en los primeros tiempos del Renacimiento, tuvieron efectos
que hoy aún se reflejan en el mundo
occidental. Universitarios, poetas y filósofos venían de países
lejanos para buscar allí la iniciación o por lo menos la inspiración.
Reuchlin el Cabalista y Erasmo el humanista estuvieron entre los que recibieron
la profunda influencia de este Círculo. Fundado por Cosme de Médicis, el padre
espiritual de Ficino, fue elevado a su
mayor esplendor por Lorenzo el Magnífico que heredó de Cosme el nombre
iniciático de Pan. El mismo Ficino, adepto mayor del Círculo Careggi, tomó el
nombre de Saturnus. Juliano, Hermano de Lorenzo fue Hipólito. Pico della Mirandola, brillante joven cabalista era
Apolo. Angelo Poliziano,
el político era Hércules. Miguel Angel, pintor escultor y poeta de una
grandiosa imaginación fue igualmente iniciado en esta alta asamblea, el último
antes de la muerte de Lorenzo y de varios miembros del círculo interior que
marcaron el primer asalto de una persecución salvaje llevada a cabo por
religiosos fanáticos y la dispersión de la sociedad.
En el siglo XVI la tradición ogdoádica aparece en el interior de la Orden
del Yelmo, nombre que recuerda el
símbolo del silencio y de la invisibilidad cara al esoterismo. Esta Orden se estableció en Inglaterra durante el
reinado de Isabel Iª y combinó las sucesiones de los Fideli d'Amore y el
Círculo Careggi. El movimiento “Italianizante” estuvo muy implicado en los
principios de esta Orden. Numerosos investigadores y universitarios se
interesaron por esta corriente.
Citaremos para recordar uno de los más importantes: France Yates (la filosofía
oculta en el tiempo de Isabel I y
Giordano Bruno, ED Dervy Libros). Francis Bacon, Christopher Marlowe y otros notables figuran entre los iniciados.
La propia reina fue instruida por un sabio platónico durante el reinado de su
hermana y estudió con avidez los trabajos de Castiglione, un íntimo de los
Médicis. Giacomo Aconcio iniciado de los misterios del Gremio Ogdoádico y
Bernardo Ochino, un iniciado de Siena fueron puestos bajo su protección. Este
último acababa de huir de la Inquisición gracias al Cardenal Contarini y se
había incorporado a Inglaterra después de estar refugiado en Génova.
La Orden del Yelmo
sobrevivió durante el siglo XVII y siguientes
a través de la personalidad de sus iniciados en una dedicación total a
los misterios que perpetuaban. Esta Orden dejó de funcionar como estructura en 1689, pero los últimos de sus iniciados
transmitieron a su vuelta esta herencia preciosa.
Fueron
los herederos de esta Orden, los que se
congregaron en el siglo XVIII en el seno de la Sociedad de la Rueda
Ardiente (Societas Rotae Fulgentis). Ellos fueron los guardianes de la
tradición y la preservaron para las generaciones
futuras consolidando los cimientos
sobre los cuales la Orden del Aurum Solis había sido establecida. Esta Societas
Rotae Fulgentis ( cuyo nombre se extrajo del palíndrome que se encuentra sobre
el suelo del baptisterio de Florencia), era el cuerpo interior de la
Antiquarian Society a partir de la cual la Aurum Solis se formó.
Parece que esta Sociedad no se aplicó en las
distintas prácticas, y se limitó a transmitir la iniciación y el Corpus que
poseía en depósito. A pesar de eso, los miembros se preocuparon por su deber
particular tal como lo concebían, es decir, por la conservación de la totalidad
de su tradición. Sus esfuerzos fueron los garantes de la transmisión de esta
herencia. Hacia 1860, el Societas Rotae Fulgentis fue transferida al Oeste de
Inglaterra en Londres y más particularmente a la familia Martin, 1 St
Paul’ s Chuchyard (Cementerio de San Pablo). A partir de este momento comenzará
a explorar la profundidad de los aspectos prácticos de su herencia y se
constituyó formalmente como Aurum Solis en 1897.
La
Orden del Aurum Solis, a veces llamada “Orden de la Palabra Sagrada” (Order of the Sacred Word) se
desarrolló entonces según la estructura tradicional que permanece en todas las
Ordenes Secretas. Lejos de quedarse en
una fraternidad especulativa, su obra se desarrolló y se profundizó en el
ámbito de la Alta Magia o Teurgia, bajo los auspicios de la Luz de la Estrella
Gloriosa de la Regeneración.